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ECLIPSES EN EL ARTE Y LA MITOLOGÍA


Eclipses en el arte

El asombro e interés del ser humano ante los eclipses a lo largo de la historia se ha reflejado en representaciones artísticas muy diversas. Una de las primeras representaciones portátiles del Sol y la Luna, junto a otros elementos astronómicos, la encontramos en el Disco de Nebra, una pieza de la Edad de Bronce cuyo origen se remonta al segundo milenio antes de nuestra era. En este disco metálico encontramos una clara representación del Sol, la Luna e incluso las Pléyades.

Disco de Nebra (ca. 1800-1600 a.C.). Halle, Alemania.

Uno de los eclipses solares más influyentes de la historia, y a su vez uno de los más cuestionables, es el que la tradición asocia a la crucifixión de Cristo, posiblemente en el año 33 de nuestra era. Los evangelistas Lucas, Mateo y Marcos nos hablan de una oscuridad que inundó toda la tierra durante las horas que precedieron la muerte de Cristo. Sin embargo, ningún eclipse total de Sol se prolonga durante varias horas y, lo que es aún más notable, la crucifixión tuvo lugar durante Pascua, que según la tradición judía coincide con la Luna llena. Esto hace astronómicamente imposible que ocurriera un eclipse solar esa misma semana. Se ha especulado que dicha oscuridad podría deberse a polvo en suspensión en el aire, lo que conlleva un notable oscurecimiento del Sol y que es bastante habitual a comienzos de abril.

El pintor italiano del trecento Taddeo Gaddi nos muestra la Luna aproximándose al Sol sobre la cruz en un tríptico actualmente conservado en la Sociedad Histórica de Nueva York. Sobre los dos astros, encontramos una cuña oscura que alude a la sombra arrojada por la Luna durante un eclipse solar. En una tabla de un pintor valenciano del siglo XV, expuesta hoy en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, encontramos otra representación del eclipse solar que supuestamente acompañó la Crucifixión. El Sol presenta un tono ocre, con una superficie cuarteada que delata la presencia de la Luna delante del disco solar. A pesar de ello, el fenómeno no viene acompañado por un oscurecimiento notable del cielo; probablemente, este pintor valenciano nunca había visto en directo un eclipse total de Sol y no sabía bien cómo representarlo.

Anónimo valenciano, Crucifixión (ca. 1450-1460). Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid.

José de Ribera nos muestra un eclipse estilizado en su Cristo crucificado, hoy en el Museo de Bellas Artes de Vitoria, en el que el disco lunar parece translúcido y permite ver detrás el perfil del Sol. Esta representación, aunque sea menos realista, permite identificar el evento y proporciona un mayor dinamismo al fenómeno astronómico. De forma similar, en el gran tríptico de la Elevación de la cruz, que Rubens pintó para la catedral de Amberes, encontramos una representación bastante realista del comienzo de un eclipse solar. Aun y todo, el pintor flamenco tuvo que delinear todo el contorno lunar, que no resulta visible durante el comienzo de un eclipse solar, como una estrategia para hacer que tanto la Luna como el Sol fueran fácilmente reconocibles.

Peter Paul Rubens, La elevación de la cruz (1610-1611). Catedral de Amberes.

En el Libro de los Milagros de Augsburgo podemos ver representados varios eclipses junto a diversos fenómenos extraordinarios, tanto astronómicos como bíblicos y meteorológicos. Se trata de un manuscrito iluminado de mediados del siglo XVI. En esta colección ilustrada, una de las láminas recoge con bastante realismo el eclipse total de Sol de 1483, acompañado por la plaga de langostas que inundó Italia durante ese mismo año. Se superponen así distintos sucesos milagrosos, en el sentido de excepcionales, que habían recogido las crónicas de la época.

Entre las representaciones más interesantes de un eclipse total de Sol destaca una obra de Antoine Caron: Dionisio Areopagita convirtiendo a los filósofos paganos. A pesar del título, que alude a una temática religiosa, el protagonista de la escena eleva su mano derecha hacia el cielo, apuntando a lo que parece ser un eclipse; esto justifica el título alternativo del cuadro, Astrónomos observando un eclipse solar. El Sol adopta un tono rosáceo intenso, rodeado por una nebulosidad de color amarillo, que podría representar la corona solar durante un eclipse total. Esta interpretación astronómica viene apoyada por algunos elementos adicionales: en primer plano, vemos que un personaje porta un globo celeste en sus brazos; algo más abajo, en el suelo, nos encontramos con lo que parece ser una esfera armilar y un hombre haciendo cálculos geométricos; hacia el fondo de la composición, a la derecha, se erige una columna con una escultura que podría representar Urania, la musa de la astronomía. Todos estos detalles sugieren que estamos ante un fenómeno astronómico: un eclipse total de Sol.

En el año 1609, Galileo apuntó por primera vez el telescopio al cielo, haciendo algunos descubrimientos revolucionarios. El telescopio de Galileo se hizo muy pronto eco en el arte, convertido en objeto de moda y símbolo de conocimiento y estatus social. A comienzos del siglo XVIII, Donato Creti dedicaría toda una serie de óleos a las Observaciones astronómicas, donde el telescopio tendría un papel destacado. Las pinturas habían sido encargadas en 1711 por el conde Luigi Ferdinando Marsili con el fin de regalárselas al Papa Clemente XI para que apoyara la construcción de un observatorio astronómico en Bolonia. Y así fue: poco después se inauguraría en esa ciudad un observatorio de vocación pública bajo el patrocinio del Papa. Los lienzos astronómicos de Donato Creti representan el Sol, la Luna, un cometa y los cinco planetas conocidos entonces, combinados con evocadores paisajes. El cuadro dedicado al Sol nos muestra un ejemplo del método de proyección mediante un telescopio, tan útil a la hora de observar eclipses.

Donato Creti, Observaciones astronómicas (1711). Museos Vaticanos.

A mediados del siglo XIX, a rebufo del romanticismo, encontramos representaciones de eclipses totales de Sol, en algunos casos un tanto pintorescas. El lienzo de Ippolito Caffi, Eclipse de Sol en Venecia, muestra el eclipse solar de 8 de julio 1842 desde una perspectiva aérea. El pintor intenta captar la frontera entre sombra y luz que se produce durante el eclipse, aunque el ángulo cubierto por la zona iluminada no resulta demasiado físico. Por su parte, el pintor romántico ruso Iván Konstantínovich Aivazovski capturó de forma muy sugerente, a modo de nocturno, un eclipse total de Sol de 1851 observado desde Feodosia.

Ivan Aivazovski, Eclipse solar en Feodosia (1851). Colección privada.

En pleno siglo XX, los artistas siguieron buscando inspiración en los eclipses solares. Es el caso de pintores como Paul Klee, que dedicó una sugerente acuarela a este tema. Por su parte, en una de sus obras tardías, Roy Lichtenstein captó el cinetismo de un eclipse total de Sol, con la rápida llegada y paso de la totalidad, mediante una superposición de círculos y curvas muy propio del pop art. Los eclipses no han dejado de inspirar a los artistas de las más diversas épocas.

Roy Lichtenstein, Eclipse of the Sun (1975). Colección privada.


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